La unanimidad es un bien preciado y es la clave de una buena convivencia vecinal y se consigue asistiendo a las juntas de propietarios, personalmente o mediante delegación, y participando en los órganos directivos con la mayor de las paciencias y la mejor intención, porque como la vida y la muerte, todos pasamos por ello de uno u otro modo.

Se tiene la impresión generalizada de que las comunidades de propietarios son un campo de batalla en el que los vecinos no van a llegar a ningún acuerdo, que cada uno tira por su lado, que las reuniones no sirven para nada… Sin embargo, y pese a que en ocasiones eso es así, por nuestra experiencia, si se mira los resultados de las votaciones, se aprecia que casi todos los acuerdos o están aprobados por unanimidad o por una amplísima mayoría. Raros son los acuerdos en los que hay empate o una diferencia escasa de votos. Y ello no es una curiosidad estadística, una anomalía inexplicable… Las Comunidades de Propietarios tienen como misión fundamental el mantenimiento y conservación de las zonas comunes, y el propio hecho de tener esos elementos comunes lleva implícito que hay un interés que comparten todos los propietarios. Un interés común.

Debemos ir a las reuniones comunitarias libres del pecado original de que todo intento de cuidar los elementos comunes va a conducir al mayor de los fracasos, porque solamente mediante el miedo, la vergüenza y la intolerancia, tendrán éxito quienes precisamente sólo piensan en sus intereses particulares. Es tan sencillo como asistir a las juntas de propietarios, personalmente o mediante delegación, y participar en los órganos directivos con la mayor de las paciencias y la mejor intención, porque como la vida y la muerte, todos tenemos que pasar por ello de uno u otro modo.